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1994 Somos como somos

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Somos como somos

La incógnita del hombre, dijo uno y se rascaba una oreja tratando de penetrar por oscuros laberintos.

Conócete a tí mismo, dijo otro, y se mezaba las barbas y se jalaba la túnica tratando de estirarla con los brazos abiertos.

Pero uno puede quedarse como un bendito y decir que no hay para qué buscar problemas ni enredar los pies por veredas difíciles.

Así estamos bien. La luz, el aire, el color, el canto de los pájaros, la fiesta de las flores: tenemos todo eso, a qué buscar más.

Estamos bien: nuestra ciudad tiene un nombre, nuestra casa tiene un sitio, por las ventanas llegan a nosotros el gozo de la primavera y la gloria de las campanas.

Sólo que a veces se empieza a prender sabe desde dónde un escozor molesto:

Cómo somos, en qué línea nos vamos a situar, qué podemos decir de nosotros mismos, si no sabemos cómo somos…

Los libros viejos cuentan la historia de un mozalbete en esa edad difícil de los muchachos que tratan de saber hasta lo que no.

Aquel larguirucho de la historia vieja: unos brazos así de largos que no alcanzaba a cubrir el sayo, unos zancarrones estirados que dejaban al aire buena parte de su musculatura.

El joven aquel como casi todos los jóvenes en su momento, con una cara llena de espinillas y unos jiotes blancos así de grandes.

Andaba de un lado a otro: buscaba aquí y se asomaba a allá.

Vino a dar a un charco azul que se formaba en un recodo del arroyo, a la sombra de unos zacates verdes y unos juncos blandos.

Se asomó al agua y dijo: mira, se les cayó la rozadera. No, la verdad no, era la luna en cuarto de ocho, con su figura así.

Y ahí está el curioso del cuento: que si meto la mano, que me expongo a ver si puedo rescatar la rozadera: lo que creía que era aquello.

En eso, se va viendo retratado en el espejo de aquel charco, en el recodo de un arroyo sombreado de árboles y hierba.

Se quedó súpito. Enarcó los ojos, entreabrió los labios. Y no pudo pronunciar un sonido, ni queja, ni admiración, ni nada.

Era él. Así era él. Se estaba viendo. Y no se imaginaba, nunca llegó a imaginar sus facciones así.

Guiñaba un ojo, apretaba los labios, respingaba la nariz, se echaba la pelambre rubia a la cara. Sí, era él.

Las historias que cuentan, y lo que con ellas quieren que entendamos, aprendamos y tomemos noticia para nosotros mismos.

Porque el jovenzuelo, a partir de aquel momento, tomó resoluciones sabias en su vida, supo comportarse, alcanzó un destino alto.

Al saber cómo era, cuál su perfil, los rasgos, su fisonomía… es decir su persona, es decir su personalidad, pudo tomar un sitio entre los demás.

Hay que saberlo, preguntarlo, escudriñarlo, para nosotros mismos y para nuestro ámbito: bueno, para mejor decirlo, en nuestra ciudad, en el entorno urbano en que nos situamos.

Aquí en este “Somos como somos” se viene haciendo un recorrido en momentos, en gentes, en actitudes, en anhelos, en desesperanzas.

Se vienen dando perfiles humanos, comportamiento de tapatíos, gentes que vienen a acá, pueblos que se rodean desde allá.

Todo eso configura un ser. Quién sabe si esto pudiera ayudarnos para poder decir de nosotros mismos: somos así. Somos como somos.

Como en todas las obras, se accede a la obra digital con un clic en la imagen superior. Esta es una antesala que en forma moderada exponemos el perfil de la obra…. Bienvenidos

120 páginas, 11 capítulos, Impreso en Editorial Ágata, Ilustraciones de Alfonso de Lara Gallardo

Para hacer contacto con el autor Luis Sandoval Godoy:

Cabezal LSG facebook

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