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2006 Siga la flecha

Cada quien a su manera…

Decía uno entonces: ocurrencias de gente sin quehacer.

Fue aquél  y pintó un letrero en el enjarre carcomido de un caserón viejo.

“Si quiere dinero, siga la flecha”.

Y luego dio en tender una línea con un gis, a lo largo de la pared.

Aún llegó a dar vuelta a aquella tentadora invitación: no faltaría un bobo que fuera siguiendo la línea en espera de encontrar la señal de un tesoro.

Las cosas que parecían simples en otros años, pueden no serlo tanto.

Uno mismo ha traído su vida siguiendo un rumbo, atendiendo a una indicación.

Siga la flecha… y los pasos de todos los hombres van siguiendo su destino.

Hasta se puede decir que uno mismo, cada  quien en su momento, en su sitio, es una flecha pintada en el tiempo.

Quien quiera discernir lo que hay de discernible en el individuo, tendrá que irlo siguiendo como seguían en el pueblo la flecha del cuento.

Una flecha lanzada al viento. Una flecha puesta en su espacio geográfico. También una flecha en medio de circunstancias particulares…

Quién sabe cuántas, cuáles sensaciones, gustos y tristezas se han ido escribiendo en el trayecto de la flecha; cada flecha, en cada individuo, en cada ser que piensa, que canta, que sueña.

Aquí está un punto de partida, aquí se inicia una línea que va hacia allá; nadie sabe, ni la misma línea, ni la misma flecha sabe a dónde va a llegar.

Por lo pronto, la invitación: el misterio adelante. Siga la flecha.

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